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📝 Un cuento basado en un accidente ajeno: 'Piedra, papel o tijeras'

 «Piedra, papel o tijeras» Gabriel Castillo Suescún  © Este cuento pertenece al libro «Relatos de una mente desencuadernada».      En una no...

lunes, 11 de abril de 2022

📚 Reseña: «Ella, que todo lo tuvo», Premio Planeta Casa de América

 «Ella, que todo lo tuvo» le mereció el Premio Planeta Casa de América a la autora colombiana Ángela Becerra.

Este es uno de esos libros que heredé de mi madre y lo he leído unas cuatro veces, en diferentes momentos de mi vida. Un día, hace unos ocho o nueve años, lo tomé prestado de la biblioteca personal de mi madre, quien me dijo después que lo conservara. Hasta lo llevé conmigo en un viaje, para acortar las horas de espera en el aeropuerto. En cada una de las lecturas me he dejado llevar, involucrándome en el misterio de esta trama como si fuera la primera vez. Así, he descubierto pistas para descifrar lo que al final no queda explícitamente claro, sin ser un final abierto, según mis propias consideraciones.



Este libro es una suerte de thriller, narrado con riqueza de recursos retóricos y descripciones precisas de espacios fríos y desolados, cuyas almas se alimentan de personajes solitarios, afligidos y rutinarios. La trama es protagonizada por una mujer colombiana llamada Ella, que reside en Firenze, intencionalmente lejos de su familia y de los sinsabores que le causa recordar ciertas atrocidades. Allí, en Firenze, sufre un accidente automovilístico. A raíz de ello, emprende una búsqueda incansable y desesperada, llena de trabas y enigmas, de su hija Chiara y su esposo Marco, quienes, según el testimonio de Ella, iban también en el coche cuando se produjo el siniestro. Ambos desaparecen sin dejar pistas ni indicio alguno sobre su paradero. No hay cuerpos, ni ropas, ni sangre.

Del duelo y de una implícita necesidad de vivir otras vidas, surge un alter ego: La Donna di Lacrima, que tiene como fin desligarse de su yo atormentado, para volverse a sentir deseada, independiente y en control, mientras los hombres que la visitan desvelan sus secretos más intrincados y desnudan sus vidas insípidas, sintiéndose vulnerables a los pies de ella, que sin dejar de observarlos, nunca les regala ni una sola palabra. En esta trama interactúan personajes memorables, como el habitante de calle, quien disfruta de su condición socioeconómica y gusta de filosofar, y el librero que vive a la sombra, entre pasillos repletos de libros, esperando verla regresar.

No diré más sobre la historia como tal, ya que no me gusta arruinar el desenlace a quienes no la han leído. Pero agregaré que este libro nos habla de las soledades que se necesitan mutuamente; que se requieren y se buscan en medio de silencios, apariencias y vidas ajenas.

De esta historia uno se va reflexionando acerca de cómo una gran pérdida fácilmente puede descomponer o incluso derrumbar todo lo construido; o al menos aquello que creemos que ha sido construido y vivido por nosotros, inducidos por recuerdos de los que nos apropiamos. Hay duelos o hechos traumáticos de los que parece no haber salida permanente, puesto que se incrustan en algún lugar de nuestra memoria y regresan cada tanto para desestabilizar nuestro estado anímico e incluso para trastornar nuestra psique, dando paso al desasosiego y la alienación.

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